Parte 1( PERFIL DEL JOVEN POSMODERNO)

Para comprender la cultura posmoderna se deben presentar sucintamente las sociedades posindustriales, el marco en el que se gesta la cultura posmoderna.
La sociedad posindustrial se habría desarrollado desde los años cincuenta en adelante y se caracterizaría por un notable desarrollo de las fuerzas productivas –a través de la automatización y la cibernética- que produciría una enorme riqueza material, y una profunda modificación en la composición de las clases sociales: disminución de la cantidad de obreros agrícolas e industriales, aumento de profesionales liberales, técnicos, científicos y empleados. En las sociedades posindustriales predominaría la producción de pequeñas series de artículos que son fabricados para una duración mucho más breve, ya que la constante innovación tecnológica los tornará obsoletos rápidamente. La producción de servicios concentra la mayor parte de la población económicamente activa, porque la industria automatizada necesita menos personal pero mucho más capacitado. En este contexto, el conocimiento es la fuerza de producción fundamental y la información y su adecuada circulación es imprescindible para el éxito de los emprendimientos económicos.
Las modificaciones tienen lugar en la comercialización de millones de mercancías en la que se desarrollan nuevas y sofisticadas formas de marketing. Quizás la cara más visible para el gran público de las nuevas formas de comercialización esté dada por la presencia de los “shoppings”, esos gigantescos centros comerciales que constituyen un monumento al consumo y que reorganizan la vida de millones de personas.
Estos cambios en lo económico han implicado nuevas demandas al sistema educativo, ya que la producción necesita un trabajador que tenga una buena formación general que le permita adaptarse a nuevas tecnologías a lo largo de su vida productiva.
La cultura posmoderna se habría gestado en la segunda mitad del siglo XX, pero gracias a los medios de comunicación dicha cultura se extendería rápidamente por todo el mundo. La otra cara de la posmodernidad seria, en la visión de sus críticos, la ampliación de la brecha que separa a ricos y pobres y la extensión de la marginalidad social. A lo largo del desarrollo del marco teórico se podrá observar como estas características de la sociedad en la que vivimos, caracterizada como posindustrial o posmoderna, influye en la vida de los jóvenes de hoy en día.

Diferencias entre generaciones.

Adolescere, decían los romanos, ir creciendo. Un verbo cuyo participio es adultum, es decir que el adolescente era alguien en tránsito hacia la adultez. La modernidad tenía un modelo de adulto que daba una imagen externa clara la cual hoy resulta haberse desdibujado. Pero el problema a tratar no es solamente la imagen externa sino el concepto psicológico de adulto que se manejaba tradicionalmente y su validez actual.
Desde el campo psicoanalítico, si bien no aparece en Freud una descripción completa de adulto normal, a lo largo de su obra se encuentran definidas características que resultan ser constitutivas del mismo. En lo que sigue se propone el análisis de las mismas y las modificaciones que la posmodernidad ha producido sobre estos conceptos.

a.La identidad sexual.

Según Freud la genitalidad implicaba una unión heterosexual. Para acceder a la misma el adulto, debía haber resuelto cuando niño el Complejo de Edipo, lo cual implicaba haberse identificado con el padre del mismo sexo y elegir como objeto de amor al contrario. Para el psicoanálisis, entonces, la homosexualidad debía incluirse dentro de las anormalidades sexuales.
Este tema en la actualidad se presenta en documentos como el DSM, que es el Manual Diagnostico y Estadístico creado por la Asociación Psiquiátrica Americana que reúne los criterios diagnósticos referidos a los trastornos mentales. Cada edición reflejó las concepciones de la época. La edición de 1980, DSM-III, incluyó en el apartado “Otros trastornos psicosexuales” la Homosexualidad egodistónica, lo que significaba que el manual consideraba a la sexualidad como trastorno psicosexual solamente en el caso en que la persona se quejara de su situación, que manifestara dificultades en su heterosexualidad y una homosexualidad no querida o provocadora de dificultad. Debido a una modificación de esta clasificación hecha en el año 1987 (DSM-III-R), el término “homosexualidad” no aparece. Estos cambios reflejan las distintas concepciones de la sexualidad a lo largo del tiempo.
Con respecto a esto, Freud dice: “Hemos descubierto que ciertas personas, señaladamente aquellas cuyo desarrollo libidinal experimentó una perturbación (como en el caso de los perversos y los homosexuales), no eligen su posterior objeto de amor según el modelo de la madre, sino según el de su persona propia.
Es decir que el psicoanálisis consideraba anormal tal elección de objeto porque no incluía el reconocimiento del otro como diferente de uno mismo. Para comprender mejor los cambios que han sufrido estos conceptos, es importante destacar el clima en el cual la posmodernidad los enmarca.
La revolución sexual de los años 60 dio paso a varios cambios. Los sexos dejaron de estar rígidamente establecidos en su aspecto externo y en los roles a cumplir. Al mismo tiempo la ambigüedad sexual se constituyó en una característica propia de la época. El modelo heterosexual exclusivo ha quedado como uno más entre aquellos que muestran los medios masivos como imitables.
Sea como sea, la “clara identidad sexual” que se esperaba que adquiriera el individuo al llegar a la adultez ha perdido mucha claridad.

b.La madurez afectiva.

La independencia afectiva con respecto a los padres también debía considerarse un logro adulto. Suplantar a los objetos primeros de amor por otros y establecer con ellos una relación duradera formaba parte de aquello que caracterizaba al adulto.
Según Erich Fromm, un destacado psicoanalista de los años 50, el fundamento del amor era la actitud de dar y describió ciertos elementos de este sentimiento que consideró básicos: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.
Es decir que el arte de amar se lograba dominar cuando se llegaba a la madurez, cuando se renunciaba a los valores del yo ideal, inundados de omnipotencia y narcisismo. El adulto podía llegar a amar, si se convertía en una persona productiva, entendida como capaz de dar, de comprometerse con otro brindándole cuidado, haciéndose responsable de esa relación afectiva, respetando al otro y ocupando tiempo en conocerle.
Los adultos de la actualidad han aprendido a privilegiar la obtención de placer por sobre la represión que la sociedad pueda provocarles. Han vivido crisis respecto a la estabilidad de la pareja, llegando a pensar que debían considerar a la misma como un bien transitorio. Han desarrollado una afectividad superficial.
De acuerdo a Fredric Jameson, un crítico y analista de las tendencias modernas en la cultura contemporánea, hay otras diferencias notorias entre la época modernista y la posmodernista. La primera y más evidente es el nacimiento de un nuevo tipo de insipidez o falta de profundidad, un nuevo tipo de superficialidad en el sentido más literal. El autor denomina este fenómeno como “el ocaso de los afectos en la cultura posmoderna”. Por lo tanto, aquél modelo de adulto capaz de mantener una relación, de profundizarla a través del conocimiento y un mayor compromiso con su pareja, parece estar, por lo menos, demodé, pasado de moda.
Este nuevo comportamiento en los adultos afecta e influye en las mentes jóvenes, que tienen un modelo de amor superficial y basado en los intereses propios de cada persona. El sentimiento de cooperación y apoyo entre los miembros de una pareja ha disminuido tanto hasta casi desaparecer.

c.La madurez de la propia personalidad.

El ideal del yo, tal como lo ha explicitado el psicoanalista Peter Blos, “alcanza su estructura definitiva sólo durante la etapa final de la adolescencia”; es decir, que el adulto ya ha conformado un ideal al cual intentar parecerse a lo largo de su vida.
En la actualidad, los adolescentes no encuentran fácilmente figuras, por lo menos adultas, con las cuales identificarse y tanto los padres como los docentes han perdido ese lugar. ¿Con quién se identificaban las generaciones anteriores?
Françoise Dolto, médica pediatra y psicoanalista francesa, hace su propia historia de las figuras de la identificación. Al periodo que va desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, lo denomina “la época de los maestros”, época de sabios y de grandes navegantes exploradores, época de los aprendizajes. Desde el siglo XIX hasta 1950 define otra etapa denominada “la época de los timoneles”, con caudillos militares y combatientes de la libertad. Así desde 1950 los adolescentes habrían perdido figuras de identificación encarnadas ya fuera en los héroes o en los maestros. A partir de entonces, ¿con quién se fueron identificando?
El periodo 1960-1980 es denominado “la época de los ídolos” con estrellas efebos y jefes de banda como ideales. O bien figuras adolescentes proporcionadas por los medios masivos o bien pares puestos al nivel de ideales. En ningún caso es el adulto el modelo ideal.
Los adultos actuales surgidos de los años cincuenta hacia el presente habrían conformado su personalidad en este clima, sin tomar como modelo a un adulto. Al igual que sus hijos adolescentes actuales habrían tomado a sus pares idealizados lo cual desdibuja el tradicional concepto de adulto.

d.La madurez intelectual.

Si para Jean Piaget, un psicólogo suizo, el adolescente era un creador de teorías, un metafísico por excelencia, el adulto debía ser capaz de poner tal habilidad en conjunción con la realidad que lo rodeara. La realidad acotaría sus teorías, las haría sensatas, realistas. La utopía adolescente quedaría superada. La etapa de las utopías era imprescindible para este autor como pasaje para la madurez de la inteligencia.
La posmodernidad no inspira la pasión metafísica en los adolescentes, sin embargo, sí espera que éstos como los adultos sean productivos en términos de creatividad.

e.El reconocimiento social.

La independencia económica también era un logro que definía al adulto. “Haber llegado”, alcanzar un nivel profesional o laboral estable, seguro, en el cual descansar del esfuerzo hecho para conseguirlo. Lograr un lugar en la sociedad ha sido considerado siempre un examen de ingreso al mundo adulto.
Hoy en día sólo se puede aspirar a “mantenerse”; es decir, luchar para conseguir no volver a fojas cero. Nadie está seguro. Por otra parte, para los jóvenes la perspectiva de formación es muy larga, se necesita cada vez menos mano de obra y mucho más capacitada. Es difícil mantenerse económicamente, más aún independizarse de los padres.

f.El rol de los padres.

Una función adulta era la de cubrir el rol de madre y padre. Esto significaba afecto, protección, contención, transmisión de conocimientos y valores, todo a través de cierta distancia producto inevitable de la diferencia generacional.
Respecto a la situación actual dice Françoise Dolto:
“Lo que más hace sufrir a los adolescentes es ver que los padres tratan de vivir a imagen de sus hijos y quieren hacerles la competencia.”
¿Cuáles son las consecuencias de esta actitud de los padres? Los adolescentes se ven obligados a ser padres de sí mismos, situación que les da más libertad pero para la que no cuentan con elementos suficientes. Los jóvenes carecen de reglas de autopaternalización. ¿Cómo van a saber conducirse en la sociedad si no reciben ninguna enseñanza por el ejemplo o en conversaciones con sus padres? La televisión se convierte en la única fuente de referencia de niños aislados en departamentos vacios de adultos, situación cada vez más común en la actualidad.
Y así aparecen los medios masivos, en particular la televisión, adoptando a tanto adolescente huérfano. El exceso de tecnología hace que las habilidades sociales disminuyan y se conversa mucho menos. La solución de conflictos no se produce cara a cara, si no vía Internet, mensajes de texto y hace que la personalización con el otro no exista. Los países serán de pocas habilidades sociales, las redes sociales vendrán a solucionar los problemas, porque sin embargo a la larga nos producen más conflicto. La tecnología no es ni mala ni buena, ya que depende de cómo se use.

Vínculo con los padres.

La confrontación generacional ocupa un segundo lugar ante la confrontación entre pares (hermanos) y si se analiza el contenido de las discusiones se podría cuestionar: ¿qué fue de aquellas épicas discusiones sobre temas políticos, religiosos, éticos? Puede ser que las actuales discusiones descansen sobre los mismos temas de fondo, pero llama la atención que los mismos no salgan a la superficie de manera más directa.
Las investigaciones señalan que la familia es el grupo de referencia para la mayoría de los problemas menos los sentimentales es en cuyo caso se recurre mas a los amigos.
Se presentan ciertos comportamientos inadecuados en las personas adultas, que no funcionan como buenos ejemplos para los adolescentes. Hoy en día, ningún adulto respeta la ley de que no se tiene que beber alcohol antes de los 18, y ahora lo que se entiende es que se puede beber siempre y cuando no sea descubierto. Se está construyendo una moral ”heterónoma” , que esta solo basada en las consecuencias de los actos y no una moral “autónoma” que tiene que ver con la intencionalidad y la voluntad con la cual uno decide o no cometer un acto poco correcto.
Si bien hay un cuestionamiento de los adolescentes con respecto a lo cotidiano de la vida familiar, no lo hay respecto a los valores básicos de los padres. Por lo tanto, se puede llegar a la conclusión de que la “rebelión adolescente” y “oposición a la familia” no son requisitos inevitables de esta etapa del ciclo vital.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s